| 12 Octubre 2009
1. La mirada de Dios puede ser entendida con terror
Para alguna gente, que Dios mire al hombre es una indecencia[1]. Hay gente que no logra superar la impresión de ser rechazado por esa mirada de Dios infinita, vigilante, inclinada a la sospecha de que el vigilado faltará en cuento Él desvíe su atención. Ese Dios, que nunca ha visto ningún hombre (pero que siempre es visto por Él), se representa en un triángulo relleno con un ojo que nunca se cierra, que mira atentamente tomando nota de las rebeldías, desobediencias y flaquezas del ser humano; a ese ojo no le oculta nada, ni los pensamientos. Toda esa hipervisión está encaminada a que algún día se haga justicia.
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